lunes, 30 de abril de 2012

http://elpais.com/diario/2009/07/30/internacional/1248904803_850215.html

Los comunistas no logran la mayoría absoluta en las elecciones moldavas

El Partido de los Comunistas (PCM) ha ganado por mayoría relativa las elecciones parlamentarias celebradas ayer en Moldavia, según los primeros resultados oficiales. Con un tercio de las papeletas escrutadas, el PCM obtenía el 48,4% de los votos, según datos hechos públicos por Yurie Ciocan, presidente de la comisión electoral central, a las 2.15 de la madrugada de hoy (una hora menos en la España peninsular). Los resultados provisionales daban la razón a los sondeos a pie de urna, según los cuales la mayoría obtenida por esta fuerza que lleva ocho años en el poder sería inferior a la lograda el 5 de abril. La gran novedad es que al Parlamento se incorporará el Partido Demócrata encabezado por Marian Lupu, además de las tres fuerzas políticas liberales y conservadoras que ya se clasificaron en abril y que están unidas por su animadversión a los comunistas.

Los observadores han detectado irregularidades menores
El Partido de los Comunistas obtuvo el 48,4% de los votos, según resultados correspondientes al escrutinio del 35% de los colegios electorales, informa Efe. La oposición liberal, que aglutina al Partido Liberal Democrático de Vladimir Filat; el Partido Liberal y la Alianza Nuestra Moldavia (ANM), totaliza el 33,8% de los votos, según la comisión electoral central. En último lugar, el Partido Democrático de Mariam Lupu, el ex responsable comunista, obtiene el 13,3% de los sufragios. En total, los cuatro partidos de oposición alcanzarían, según este escrutinio parcial, el 47,1% de los sufragios.
El listón para entrar en el Parlamento fue rebajado del 6% al 5%, y también la participación electoral para dar validez a la votación, de un 50% en abril, a un 33% ahora. De verificarse estos resultados y ser aceptados pacíficamente por los actores políticos, Lupu, un ex comunista de 43 años que ya fue jefe del Parlamento, se convertiría en una figura clave en el polarizado panorama de este frágil país de cuatro millones de habitantes, una cuarta parte de los cuales reside en el extranjero.
Las elecciones registraron una participación considerable, que se acercaba al 50% dos horas antes de cerrarse los colegios. Los observadores daban cuenta de algunas irregularidades tales como la presencia de personas muertas en las listas, la votación con varios boletines y el empadronamiento ficticio de no residentes. Sin embargo, habrá que esperar hoy al informe de la misión de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) para determinar si se trató de imperfecciones del sistema de algo más sustancial.
Las autoridades moldavas pusieron dificultades a los observadores de la Red Europea de Organización de Observación en las Elecciones. De los 140 que solicitaban acreditarse, sólo dejaron entrar a 55, manifestó en Kiev Oleksandr Chernenko, que dirigía el equipo de Ucrania. Las restricciones afectaron a quienes procedían de países donde se han registrado revoluciones de colores que han hecho caer a la clase política en el poder, como Ucrania, Georgia y Kirguizistán.
Tras votar en Chisinau, Voronin, el jefe del PCM y presidente en funciones del país, aseguró que no habrá desórdenes como los de abril. "Por alguna razón estoy convencido de que difícilmente la oposición recurrirá a estas cosas", afirmó. "Ahora tienen poco dinero y sin dinero nadie tirará piedras". Voronin aseguró que las fuerzas del orden están preparadas para reaccionar en caso de amenaza a la seguridad del país. "No lo hicieron el 7 de abril sólo porque no se puede utilizar la fuerza contra los niños que colocaron en primera fila. Ahora tomamos medidas para no permitir acontecimientos semejantes", afirmó.
http://elpais.com/diario/2009/11/11/paisvasco/1257972014_850215.html

Comunismo


De repente, el comunismo (o sus cenizas, o su nostalgia) vuelve a estar de actualidad. El azar o el cálculo han hecho coincidir en el tiempo el 20º aniversario de la caída del muro de Berlín y el XVIII Congreso del Partido Comunista de España, que ha elegido como nuevo secretario general a José Luis Centella. Por una parte, los fastos solemnes, pero sobre todo alegres, festivos, de la conmemoración de Berlín, que supuso el principio del fin del comunismo. Por otra parte, el nuevo líder del PCE, que afirma que el comunismo tiene "presente y futuro", y que no considera que haya que pedir "perdón" por nada. Es más, lamenta que algunos hayan querido hacer pasar por "verdugos" a los comunistas, cuando han sido las "víctimas" de la historia...
Es innegable que, al menos entre nosotros, el comunismo no tiene tan mala prensa como el nazismo. Los regímenes totalitarios de uno u otro signo que nos ha legado el siglo XX no han sido juzgados con la misma severidad. Y eso que desde el punto de vista de la cantidad de víctimas, ganan, y por mucho, los comunistas. El comunismo internacional ha tenido una extensión geográfica mayor (han existido y existen regímenes comunistas en cuatro de los cinco continentes, frente a la concentración en Europa de los regímenes nacionalsocialistas) y ha tenido más tiempo para llevar a cabo su experimento (70 años frente a los 12 del Tercer Reich). El resultado de la comparación parece ser el siguiente: 85-100 millones de víctimas de los comunistas frente a 20-30 millones sacrificados por los nazis (extraigo los datos del muy recomendable libro Crítica de las ideologías, de Rafael del Águila).
Ah, sí, me dirán muchos, pero los ideales que los inspiraban son muy distintos: reprobables los nazis, loables los comunistas; lo que falló fue la aplicación, no la teoría, me dirán. ¿Es eso cierto? Desde el momento en que ambas ideologías sacrifican al individuo en el altar del Ideal, no lo creo. En ambos casos se trata de proyectos de ingeniería social integral, un diseño de la sociedad ideal para el que los individuos reales de rostro y nombre son o bien peones, o bien estorbos. Como resume Del Águila, "los buenos fines sirvieron aquí para justificar la más completa falta de piedad con lo concreto (las personas reales) en vista de lo importante que era lograr lo abstracto".
En el río revuelto de la crisis, la canción de la culpabilidad del "capitalismo" suena con brío renovado. La desorientación de la izquierda se hace notar y es así como la invocación al comunismo puede encontrar su hueco. Sin embargo, si algo hemos aprendido de las feroces cicatrices del siglo XX es que todo intento de reforma y mejora de la sociedad ha de ir de la mano de la reivindicación del valor y la dignidad de los individuos de carne y hueso; es decir, de sus derechos universales. Una inmensa lección que no consta que hayan aprendido los comunistas del siglo XXI.
lhttp://elpais.com/diario/2009/11/22/domingo/1258864234_850215.html

 Comunismo: memoria y fe


El comunismo, escribió George Steiner, y no como juicio derogatorio sino como explicación de su fuerza para generar grandes obras de literatura en comparación con la pobreza del fascismo, es una "mitología del futuro humano, una visión de las posibilidades humanas rica en exigencia moral". Los mitos, como las visiones, pertenecen al orden de la fe, de las creencias, y los grandes relatos mitológicos, los que se viven a fondo porque prometen amaneceres que cantan, a la par que suscitan obras de arte plantean grandes exigencias morales. No se puede creer en otra vida y conducirse en ésta como un miserable.
Por eso, mientras el comunismo se organizó y creció como una especie de iglesia portadora de una mitología del futuro, fue una potente maquina de movilización en todos los órdenes de la vida, también en la política. En España, sin ir más lejos, los comunistas, que durante la República no pasaron de la dimensión ni del comportamiento de una secta, durante la guerra civil -como muestran Ángel Viñas y Fernando Hernández en su reciente El desplome de la República- se convirtieron en el gran partido que pagó el precio más elevado en vidas por su disciplina y su determinación en mantener hasta el final la política de resistencia.
Los problemas del comunismo no surgen, pues, por el hecho de que sus militantes compartan una fe, crean en él, como al parecer vuelve a ocurrir con afiliados de las jóvenes generaciones, un fenómeno que alguna relación debe de tener con el reflorecimiento del espíritu de secta en la iglesia verdadera, la católica. Los problemas surgen, por el contrario, en el mismo momento en que el futuro humano prometido en el mito se hace presente, o sea, cuando los comunistas en lugar de iglesia de creyentes se convierten en iglesia triunfante. En este punto, no se conoce ninguna excepción: el poder comunista, se mire por donde se mire, ha sido siempre un horror. Un horror no como metáfora o cualquier otra figura retórica sino como práctica diaria de bárbaras técnicas de poder.
A esta historia de ejercicio del poder a base de purgas hacia dentro y de terror hacia fuera y al colapso final del gigantesco aparato construido sobre una burocracia de partido y una policía política es a lo que nunca se ha enfrentado en serio el Partido Comunista de España. Tampoco ahora: muy en la línea de no querer mirar de frente su pasado, el Informe al XVIII Congreso -celebrado hace unos días- ofrece del hundimiento de la URSS una explicación pintoresca: saqueadores de fuera y canallas de dentro se habrían repartido todo el botín. A eso se reduce el bagaje marxista de la nueva dirección: a explicar la desaparición de un sistema que llegó a implantarse en media humanidad por el ansia de botín de un puñado de saqueadores y canallas. ¿Canallas en la URSS, en Polonia, en Rumania, en Hungría, en Checoslovaquia, o un canalla sistemático? Y ¿qué saqueaban los saqueadores si con el botín no se podía hacer otra cosa que tirarlo a la basura?
Ah, escriben, pero el intento fue serio y las ideas que dieron vida a los procesos revolucionarios, "eran válidas, son válidas". Hay que leerlo para creerlo: de la seriedad del intento y de la actual validez de aquellas ideas, sostenidas en una fe inquebrantable, deduce el PCE que es preciso intentarlo de nuevo. Y como se trata de una historia insoportable, este resurgir del ideal comunista como mitología de futuro se acompaña, por lo que respecta al pasado, de una llamada a la memoria: que no nos hurten nuestra memoria, dice Centella; y por lo que se refiere al futuro, de una mirada hacia el continente en el que germina una nueva "sociedad de camaradas", América Latina.
En esto consiste todo el cimiento de memoria y fe sobre el que edifica el PCE su llamada a convertirse en "un referente moral, ideológico y político para muchas y muchos jóvenes": primero, en recordar la fortaleza moral y la solidez ideológica de los viejos militantes que lucharon contra la dictadura a la vez que se tiende un manto de silencio sobre lo ocurrido cuando la mitología de futuro, para desventura de millones de seres humanos, se convirtió en poder del presente; y segundo, y puesto que la URSS dejó de ser faro y guía "hace una eternidad", en dirigir la mirada a "los procesos anticapitalistas de poder popular" de Latinoamérica. Todo lo cual queda resumido en la consigna: "Socialismo, con mayúscula y sin complejos", que el nuevo secretario general recita como mitología de futuro de la nueva generación antes de emprender su peregrinaje a Cuba.

http://elpais.com/diario/2009/11/22/domingo/1258864234_850215.html

Gana facción liberal ante conservadora en Partido Comunista en China

  • El influyente Bo Xilai pierde sus principales cargos en la fuerza política
  • La salida de Bo, célebre por sus posturas neomaoístas, podría desembocar en un nuevo proceso de reformas políticas
BEIJING, CHINA (13/ABR/2012).- La destitución del influyente Bo Xilai de sus principales cargos en el Partido Comunista de China (PCCh) supone la victoria de la facción liberal ante la conservadora, estimó hoy el diario South China Morning Post.

El rotativo de Hong Kong indicó que la destitución de Bo al frente de la municipalidad de Chongqing, así como de sus puestos en el Politburó y el Comité Central, significan que Beijing quiere enviar un mensaje de unidad y atajar los rumores de desacuerdo en el seno del PCCh.

Algunos analistas consultados por el influyente diario estiman que la salida de Bo -célebre por sus posturas neomaoístas- podría desembocar en un nuevo proceso de reformas políticas, después de más de seis décadas de hegemonía del Partido.

Aunque Pekín ha impuesto una férrea censura a la prensa china, los órganos de propaganda chinos, con el Diario del Pueblo a la cabeza, llevan días pidiendo unidad en el seno del Partido ante la irrupción de su peor crisis en décadas.

Bo, quien fue destituido el 15 de marzo de su cargo de secretario del Partido de Chongqing, se encuentra en el epicentro de la crisis, una situación agravada por el hecho de que el gigante asiático se encuentra en plena transición de poder en la cúpula del Estado.

Hijo de un revolucionario chino y ex ministro de Comercio, Bo fue destituido por un supuesto escándalo vinculado a la corrupción y a sus populistas reformas en Chongqing, donde llevó a cabo una de las mayores redadas de la historia de China contra el crimen organizado.

El Partido, sin embargo, lo acusa de no haber respetado el derecho en el procedimiento legal, y al mismo tiempo le señala como líder de un movimiento reaccionario izquierdista y neomaoísta en el seno del PCCh, en momentos en que el primer ministro Wen Jiabao instó a mayores reformas.

Este caso ha provocado todo tipo de rumores en el internet chino, lo que hizo que el gobierno suspendiera los comentarios en los principales foros de debate (Sina Weibo y QQ) y aumentara la censura.

La situación se ha agravado por la implicación de la esposa de Bo, Gu Kailai, en el homicidio de un británico muy cercano a la familia.

La destitución de Bo Xilai, apodado el "Kennedy chino" por sus dotes de gente y de orador, ha sumido al PCCh en su mayor crisis en años, sobre todo porque ésta se produce a pocos meses para que se celebre el XVIII Congreso del Partido, cuando se elegirán a los nuevos dirigentes de China para la próxima década.

Antes de su destitución -que podría deberse a una lucha de poder entre las facciones reformista y conservadora dentro del Partido-, se había dicho que Bo, de 62 años, podría haber sido integrante del nuevo Comité Permanente del Politburó del PCCh, el poderoso órgano compuesto por nueve personas (entre ellas el presidente y el primer ministro) que dirige las riendas del país.


lunes, 23 de abril de 2012

http://elpais.com/tag/comunismo/a/
BENEDICTO XVI Y EL MARXISMO
 El marxismo ya no sirve… Preclaras y sabias palabras formuladas recientemente por Benedicto XVI. No obstante, cabe hacerse al respecto algunas preguntas como: ¿en calidad de qué hace esa afirmación Benedicto XVI, como jefe del Estado más antidemocrático que existe en Europa o como jefe espiritual de una creencia que no tiene ninguna base racional? De la afirmación de Benedicto XVI aquí referida cabe deducir, según su punto de vista, que en algún momento sí debió servir, como teoría y praxis social de cambio hacia un mundo más solidario y justo. Esta vez, a diferencia del caso de Galileo, en el que se tardó 500 años en reconocer la actitud errónea e injusta que la Iglesia católica mantuvo hacia él, se ha reconocido mucho antes, aunque sea de forma implícita, la validez del marxismo. A lo largo de la historia más reciente ha existido una cierta precipitación por enterrar al marxismo para evitar cualquier inoportuno rebrote que cuestione este mundo perfecto en el que viven unos cuantos. El marxismo sigue siendo, probablemente, uno de los pensamientos más lúcidos a la hora de explicar los orígenes y las causas de la explotación a la que están sometidas la mayoría de las personas por una exigua pero poderosa minoría.— Horacio Torvisco Pulido. Alcobendas, Madrid. El papa Benedicto XVI ha asegurado que: “Hoy es evidente que la ideología marxista en la forma en que fue concebida no se corresponde ya con la realidad”. Sin embargo, el Papa podría mirar en su propio tejado y ver si el cristianismo en la forma en que fue concebido se corresponde ya con la realidad. ¿Uno se imagina a Jesucristo subido en el papamóvil junto al sumo pontífice saludando mayestáticamente a sus fieles? ¿Uno se imagina a Jesucristo relegando a las mujeres a un segundo puesto dentro de la Iglesia? ¿Uno se imagina a Jesucristo dando personalmente la comunión a Pinochet y anatemizando a la Iglesia que pretendía defender los derechos de los humildes? ¿Uno se imagina a Jesucristo recibiendo en su casa a Franco bajo palio? ¿Qué similitud tiene la figura de Cristo con el boato y el poder de la mayor parte de los papas de la historia de la Iglesia?— Emilio González López. Getafe, Madrid.

lunes, 9 de abril de 2012

COMUNISMO

 KARL MARX
Pensador socialista y activista revolucionario de origen alemán (Tréveris, Prusia occidental, 1818 - Londres, 1883). Karl Marx procedía de una familia judía de clase media (su padre era un abogado convertido recientemente al luteranismo). Estudió en las universidades de Bonn, Berlín y Jena, doctorándose en Filosofía por esta última en 1841. Desde esa época, el pensamiento de Marx quedaría asentado sobre la dialéctica de Hegel, si bien sustituyó el idealismo de éste por una concepción materialista, según la cual las fuerzas económicas constituyen la infraestructura que determina en última instancia los fenómenos «superestructurales» del orden social, político y cultural. Karl Marx En 1843 se casó con Jenny von Westphalen, cuyo padre inició a Marx en el interés por las doctrinas racionalistas de la Revolución francesa y por los primeros pensadores socialistas. Convertido en un demócrata radical, Marx trabajó algún tiempo como profesor y periodista; pero sus ideas políticas le obligaron a dejar Alemania e instalarse en París (1843). Por entonces estableció una duradera amistad con Friedrich Engels, que se plasmaría en la estrecha colaboración intelectual y política de ambos. Fue expulsado de Francia en 1845 y se refugió en Bruselas; por fin, tras una breve estancia en Colonia para apoyar las tendencias radicales presentes en la Revolución alemana de 1848, pasó a llevar una vida más estable en Londres, en donde desarrolló desde 1849 la mayor parte de su obra escrita. Su dedicación a la causa del socialismo le hizo sufrir grandes dificultades materiales, superadas gracias a la ayuda económica de Engels. Marx partió de la crítica a los socialistas anteriores, a los que calificó de «utópicos», si bien tomó de ellos muchos elementos de su pensamiento (de autores como Saint-Simon, Owen o Fourier); tales pensadores se habían limitado a imaginar cómo podría ser la sociedad perfecta del futuro y a esperar que su implantación resultara del convencimiento general y del ejemplo de unas pocas comunidades modélicas. Por el contrario, Marx y Engels pretendían hacer un «socialismo científico», basado en la crítica sistemática del orden establecido y el descubrimiento de las leyes objetivas que conducirían a su superación; la fuerza de la Revolución (y no el convencimiento pacífico ni las reformas graduales) serían la forma de acabar con la civilización burguesa. En 1848, a petición de una Liga revolucionaria clandestina formada por emigrantes alemanes, Marx y Engels plasmaron tales ideas en el Manifiesto Comunista, un panfleto de retórica incendiaria situado en el contexto de las revoluciones europeas de 1848. Posteriormente, durante su estancia en Inglaterra, Marx profundizó en el estudio de la economía política clásica y, apoyándose fundamentalmente en el modelo de David Ricardo, construyó su propia doctrina económica, que plasmó en El Capital; de esa obra monumental sólo llegó a publicar el primer volumen (1867), mientras que los dos restantes los editaría después de su muerte su amigo Engels, poniendo en orden los manuscritos preparados por Marx. Partiendo de la doctrina clásica, según la cual sólo el trabajo humano produce valor, Marx denunció la explotación patente en la extracción de la plusvalía, es decir, la parte del trabajo no pagada al obrero y apropiada por el capitalista, de donde surge la acumulación del capital. Criticó hasta el extremo la esencia injusta, ilegítima y violenta del sistema económico capitalista, en el que veía la base de la dominación de clase que ejercía la burguesía. Sin embargo, su análisis aseguraba que el capitalismo tenía carácter histórico, como cualquier otro sistema, y no respondía a un orden natural inmutable como habían pretendido los clásicos: igual que había surgido de un proceso histórico por el que sustituyó al feudalismo, el capitalismo estaba abocado a hundirse por sus propias contradicciones internas, dejando paso al socialismo. La tendencia inevitable al descenso de las tasas de ganancia se iría reflejando en crisis periódicas de intensidad creciente hasta llegar al virtual derrumbamiento de la sociedad burguesa; para entonces, la lógica del sistema habría polarizado a la sociedad en dos clases contrapuestas por intereses irreconciliables, de tal modo que las masas proletarizadas, conscientes de su explotación, acabarían protagonizando la Revolución que daría paso al socialismo. En otras obras suyas, Marx completó esta base económica de su razonamiento con otras reflexiones de carácter histórico y político: precisó la lógica de lucha de clases que, en su opinión, subyace en toda la historia de la humanidad y que hace que ésta avance a saltos dialécticos, resultado del choque revolucionario entre explotadores y explotados, como trasunto de la contradicción inevitable entre el desarrollo de las fuerzas productivas y el encorsetamiento al que las someten las relaciones sociales de producción. También indicó Marx el sentido de la Revolución socialista que esperaba, como emancipación definitiva y global del hombre (al abolir la propiedad privada de los medios de producción, que era la causa de la alienación de los trabajadores), completando la emancipación meramente jurídica y política realizada por la Revolución burguesa (que identificaba con el modelo francés); sobre esa base, apuntaba hacia un futuro socialista entendido como realización plena de las ideas de libertad, igualdad y fraternidad, como fruto de una auténtica democracia; la «dictadura del proletariado» tendría un carácter meramente instrumental y transitorio, pues el objetivo no era el reforzamiento del poder estatal con la nacionalización de los medios de producción, sino el paso -tan pronto como fuera posible- a la fase comunista en la que, desaparecidas las contradicciones de clase, ya no sería necesario el poder coercitivo del Estado.
Marx fue, además, un incansable activista de la Revolución obrera. Tras su militancia en la diminuta Liga de los Comunistas (disuelta en 1852), se movió en los ambientes de los conspiradores revolucionarios exiliados, hasta que, en 1864, la creación de la Asociación Internacional de Trabajadores (AIT) le dio la oportunidad de impregnar al movimiento obrero mundial de sus ideas socialistas. Gran parte de sus energías las absorbió la lucha, en el seno de aquella primera Internacional, contra el moderado sindicalismo de los obreros británicos y contra las tendencias anarquistas continentales representadas por Proudhon y Bakunin. Marx triunfó e impuso su doctrina como línea oficial de la Internacional, si bien ésta acabaría por hundirse como efecto combinado de las divisiones internas y de la represión desatada por los gobiernos europeos a raíz de la revolución de la Comuna de París (1870).
Retirado desde entonces de la actividad política, Marx siguió ejerciendo su influencia a través de sus discípulos alemanes (como Bebel o Liebknecht); éstos crearon en 1875 el Partido Socialdemócrata Alemán, grupo dominante de la segunda Internacional que, bajo inspiración decididamente marxista, se fundó en 1889.
Muerto ya Marx, Engels asumió el liderazgo moral de aquel movimiento y la influencia ideológica de ambos siguió siendo determinante durante un siglo. Sin embargo, el empeño vital de Marx fue el de criticar el orden burgués y preparar su destrucción revolucionaria, evitando caer en las ensoñaciones idealistas de las que acusaba a los visionarios utópicos; por ello no dijo apenas nada sobre el modo en que debían organizarse el Estado y la economía socialistas una vez conquistado el poder, dando lugar a interpretaciones muy diversas entre sus seguidores.
Dichos seguidores se escindieron entre una rama socialdemócrata cada vez más orientada a la lucha parlamentaria y a la defensa de mejoras graduales salvaguardando las libertades políticas individuales (Kautsky, Bernstein, Ebert) y una rama comunista que dio lugar a la Revolución bolchevique en Rusia y al establecimiento de Estados socialistas con economía planificada y dictadura de partido único (Lenin, Stalin, Mao).